El origen de la calidad en Samsung: la destrucción de 150,000 unidades
En 1995, Lee Kun-hee marcó un antes y un después en Samsung al ordenar la incineración de miles de productos defectuosos.

La historia de Samsung como gigante tecnológico tiene un punto de inflexión radical que ocurrió en 1995, cuando su entonces líder, Lee Kun-hee, tomó una decisión drástica para cambiar el rumbo de la compañía. Tras observar una deficiencia generalizada en la calidad de sus productos, ordenó la recolección y posterior destrucción de 150,000 teléfonos y dispositivos que presentaban fallas, los cuales fueron incinerados en una ceremonia pública frente a cientos de empleados en la sede de la empresa.
Este acto, que en su momento pareció una medida extrema y costosa, funcionó como un golpe de timón necesario para erradicar la cultura de la mediocridad en la fabricación. La destrucción masiva de inventario no solo eliminó productos defectuosos del mercado, sino que forzó a la organización a replantear sus estándares de producción desde la raíz, priorizando la excelencia técnica sobre el volumen de ventas inmediato.
Para muchos analistas de la industria tecnológica, este episodio explica la capacidad de resiliencia y adaptación que Samsung ha demostrado en las décadas posteriores. La empresa logró transitar de ser un fabricante de productos electrónicos de bajo costo a convertirse en un referente global en innovación, componentes y dispositivos móviles de alta gama, manteniendo una vigilancia constante sobre sus procesos de manufactura.
En el contexto actual, este tipo de decisiones drásticas resuenan en el mercado global, donde la confianza del consumidor es un activo fundamental. La lección de 1995 demuestra que, ante una crisis de identidad corporativa o un declive en la calidad, la única forma de recuperar la competitividad es asumiendo los costos operativos necesarios para asegurar la excelencia.
La historia de Samsung sirve como recordatorio de que los cambios organizacionales requieren voluntad política interna y acciones simbólicas contundentes. Aquellos 150,000 productos destruidos no fueron una pérdida, sino la inversión más significativa en la reputación de marca que la compañía realizó en toda su trayectoria.


